Las sensaciones del día no eran del todo correctas para afrontar una carrera de montaña de larga distancia.
El protocolo pre-carrera, hasta la línea de salida, fue el acostumbrado (horas de sueño, alimentación previa, puntualidad en la zona de salida, Cafetito bueno, soltar lastre.. etc. ).


Al despertador no le di tiempo a sonar, por si tenía la intención de no avisarme y evitar así, lo que me esperaba en la durísima jornada que empezaba ya de madrugada.